Considerado uno de los grandes genios del arte universal. Aunque él se consideraba fundamentalmente escultor, dominó también la pintura y la arquitectura realizando algunas de las obras más significativas de toda la Historia del Arte.

 

Su inmensa producción abarca tres cuartos de siglo en los que fue considerado, ya en vida, el mejor artista de su tiempo. A pesar de lo cual llevó una vida modesta, totalmente dedicada al Arte y al trabajo sin descanso. Su vida se desarrolló entre Florencia y Roma trabajando para sus principales clientes los Médicis y los diferentes papas.

 

Hizo del cuerpo humano desnudo el principal tema de su arte, representándolo idealmente bello y musculado sin preocuparse por lo anecdótico ni lo ornamental. Sus creaciones, de tamaño colosal, destacan por su monumentalidad, su fuerza y movimiento contenido, y una gestualidad terrible que sus contemporáneos denominaron terribilitá.

1475-1496. Formación y convivencia con los Médicis

Miguel Ángel Buonarroti nació en Caprese, en la región de la Toscana italiana. Fue el segundo hijo de una familia de la baja nobleza. A los trece años entra como aprendiz en el taller del pintor Ghirlandaio en Florencia y al año siguiente es aceptado como alumno en la Escuela de Arte del Jardín de los Médicis, donde estudia escultura clásica y es invitado por Lorenzo de Médicis a vivir en su palacio, lo que le permite entrar en contacto con humanistas y filósofos neoplatónicos.

En 1492 muere Lorenzo de Médicis. La inestable situación política que vivirá Florencia en los siguientes años hace que decida viajar a Bolonia donde permanecerá un año. En Bolonia tendrá oportunidad de ver las esculturas de Jacopo della Quercia que influirán en su estilo.

1496-1501. Primera estancia en Roma

En 1496 viaja por primera vez a Roma, invitado por el Cardenal Riaro. Durante este periodo esculpirá una estatua de Baco y la Piedad del Vaticano, su primera gran escultura. Resuelta a partir de una composición piramidal, típicamente renacentista donde predomina el equilibrio y la serenidad, y cuya originalidad reside en romper con el dramatismo con el que había sido tratado este tema anteriormente, realizando una virgen serena, concentrada y extremadamente joven que sostiene a su hijo que parece dormido sin muestras de haber padecido ningún martirio.

A pesar de su juventud, muestra su virtuosismo a la hora de representar el contraste entre los pliegues del manto de la Virgen lleno de oquedades que forman claroscuros y la superficie lisa y clara del cuerpo de Jesús.

La Piedad del Vaticano será la única obra firmada por Miguel Ángel: lo hizo en la cinta que atraviesa el pecho de la Virgen.

1501-1505. Vuelta a Florencia. El David

En 1501, la ciudad de Florencia pasa a ser una República y Miguel Ángel conseguirá el encargo para realizar una estatua del David que le confirmará como el artista más prestigioso de su tiempo.

Miguel Ángel esculpe un David desafiante, lejos de las amables versiones anteriores. Tanto sus colosales medidas (410 cm) como su desnudez hacen referencia directa a la antigüedad clásica. Destaca el estudio que hace su autor de la anatomía y la expresión del héroe bíblico.

Esta enorme estatua, concebida en un principio para colocarse en la Catedral, se convertirá en símbolo del vigor de la nueva República de Florencia y se decidirá ubicarla ante el palacio Vecchio, sede del gobierno de la ciudad.

Durante este periodo florentino también realizará otras obras como La Virgen de Brujas, encargada por una familia de comerciantes flamencos o la pintura sobre tabla de la sagrada familia conocida como Tondo Doni.

1505-1513. Trabajos en Roma para Julio II

En 1505 el papa Julio II lo llama a Roma para que diseñe su tumba. El proyecto inicial consistía en un monumento de varios pisos con cuarenta esculturas que sería ubicado debajo de la cúpula de la basílica de San Pedro.

Miguel Ángel pasará ocho meses en Carrara eligiendo los bloques de mármol para hacer las esculturas pero al volver a Roma empiezan los primeros problemas con esta obra. El papa decide, tal vez influenciado por Bramante, posponer  el proyecto y le encarga la pintura de la bóveda de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel, que no se considera pintor si no escultor, decide volver a Florencia abandonando Roma. Recibe varias cartas del papa instándole a que vuelva a Roma y amenazándole incluso con la excomunión. Finalmente Miguel Ángel se encuentra con el papa en Bolonia y llegan a un acuerdo.

Durante cuatro años, desde 1508 a 1512, pinta prácticamente solo los frescos de la capilla, El tema principal serán escenas del Antiguo Testamento desde la creación hasta la historia de Noé; estas escenas estarán flanqueadas por figuras de sibilas y profetas. Casi 300 figuras que cuando se retiraron los andamios consiguieron la admiración de sus contemporáneos que aclamaron a su autor como “il divino”. Miguel repitió aún con mayor clamor el éxito que había logrado con su David. A los 37 años, el ambicioso florentino era ya un mito vivo.

En 1513 trabaja en la Tumba de Julio II esculpiendo los dos esclavos que se conservan en el Museo del Louvre. Este mismo año fallece el papa lo que producirá distintos contratiempos en la realización de su tumba que poco a poco irá viendo reducido su dimensiones y monumentalidad.

1515-1534. Trabajos en Florencia para los Médicis

En 1515; con motivo de la visita del papa León X, de la familia Médicis, a Florencia; se le encarga que proyecte la fachada de la Iglesia de San Lorenzo, obra que por diversos problemas debe abandonar tras tres años de trabajo.

Realizará, sin embargo, durante este periodo los planos de la Biblioteca Laurenciana y el diseño de la Capilla funeraria de los Médicis, también para San Lorenzo.

Desde 1520 trabaja en las tumbas de los Médicis y en 1526 ya había acabado las seis estatuas principales: dos estatuas sedentes de Lorenzo y Giuliano y las alegorías de la Noche, el Día, el Crepúsculo y la Aurora. Este proyecto que además incluía dos sepulcros más y un altar en el centro de la capilla con una estatua de la Virgen quedará inconcluso en 1527 cuando de nuevo se proclame la República en Florencia.

Miguel Ángel acepta un cargo del nuevo gobierno como responsable de las fortificaciones que supone un enfrentamiento directo con los Médicis y que posteriormente le ocasionará problemas y está a punto de costarle la vida.

A estas tribulaciones se unen los pleitos constantes con los herederos de Julio II que insisten en que acabe la tumba del papa. En 1532 llegará a un acuerdo definitivo para realizar un proyecto de seis esculturas para ser colocado en un muro de la iglesia de San Pedro in Vincoli  de Roma. La estatua principal de este proyecto definitivo será su monumental Moisés.

1534-1564. Última etapa en Roma. El Juicio Final

En 1534, con casi 60 años, se instala definitivamente en Roma y acepta el encargo de Clemente VII, de nuevo un papa de la familia Médicis, para pintar El Juicio Final en la Capilla Sixtina. Trabajará en este impresionante mural desde 1534 hasta 1541. El centro de la composición lo ocupa un Jesús gigantesco y casi desnudo, representado como un juez implacable que más parece un Hércules, rodeado de un auténtico mar de cuerpos en movimiento representando muertos que resucitan para ser juzgados, profetas, apóstoles, santos, mártires y los condenados con las más variadas expresiones de angustia que descienden a los infiernos.

La anatomía de los cuerpo y los convulsos movimientos de los personajes nos hablan ya de un lenguaje manierista que se aleja del clasicismo. Esta obra fue criticada por la obscenidad de los desnudos y censurada por el Concilio de Trento que obligó a pintar encima de varios personajes ropajes que ocultaran su desnudez.

En 1546 muere Antonio Sangallo, director de la obra del Vaticano y Miguel Ángel es nombrado arquitecto de la Basílica con 72 años. Modifica sustancialmente los planos de su predecesor, hace derrumbar parte de la obra ya construida y diseña la Cúpula.

En 1558 proyecta la escalera de la Biblioteca Laurenciana de Florencia y envía el dibujo y una maqueta a su discípulo Vasari para que la construya.

Desde 1538 conoce a Vittoria Colonna, una mujer de un místico temperamento, con la que le unirá una profunda amistad, que le llevará a manifestar un profundo misticismo en su vida y en sus últimas esculturas como la Piedad Florentina o la Piedad Rondanini, su última obra, en la que trabajó hasta el día anterior a su muerte. Con 89 años, el 16 febrero de 1564, la muerte pondría fin a su desdichada existencia.

 

Su obra ejerció un influjo inmenso no solo en sus contemporáneos, sino también en artistas posteriores como Rubens, Bernini, Delacroix o Rodin.