Francisco de Goya y Lucientes es una figura única dentro del panorama pictórico español y uno de los más grandes genios del arte universal. Su obra constituye un magnífico testimonio de la conflictiva época que le toco vivir.

 

Primeros años de formación

Su primera época está marcada por su formación barroca en Zaragoza, un periodo en Roma (1771) y las enseñanzas de su cuñado Francisco Bayeu.

 

La protección de Francisco Bayeu le abre las puertas de la corte (1774), dedicándose en principio a la realización de cartones para la Real Fábrica de Tapices entre los que destacan:
El quitasol y La Pradera de San Isidro que guardan cierto gusto rococó con colores suaves y armonizados, cierta elegancia, gracia y delicadeza.

1789-1808. Pintor de Carlos IV

 

Se convierte en el pintor de la nobleza y los intelectuales de la corte: Retrato de los duques de Osuna. La estimación de su arte y su prestigio van creciendo hasta culminar en su nombramiento como pintor de Cámara de Carlos IV.

 

 

En 1792 sufre una grave enfermedad que le dejará sordo y que dará un giro a su vida y a su obra hacia los aspectos más tristes y sórdidos, que alterna con los encargos que recibe del rey, los nobles y la iglesia: La Familia de Carlos IV, Frescos de San Antonio de la Florida, La Condesa de Chinchón, La Duquesa de Alba, La maja vestida y desnuda. En todos ellos pone más atención en los rostros que en los vestidos, en los que las pinceladas son meras manchas de color.

1808-1814. La guerra

Su obra se ve convulsionada por la tragedia de la Guerra de Independencia cuyo horror refleja con cruel verismo en sus grabados y en sus cuadros. Sus cuadros se convierten en obras históricas, el mejor reflejo de la época que le toca vivir: El dos de mayo: La carga de los mamelucos y El tres de mayo: Los fusilamientos de la Moncloa.

1814-1828. Última época

Retirado a la Quinta del Sordo, se encierra en un mundo de sueños sombríos y dramáticos que traducirá en las Pinturas Negras hechas en las paredes de su casa: Saturno devorando a sus hijos, El Aquelarre, La lucha a garrotazos… Son pinturas casi monocromas. La técnica se basa en la mancha, más que en la precisión anatómica o de perspectiva.


En 1824, desengañado ante el absolutismo de Fernando VII, marcha a Francia, donde morirá cuatro años más tarde en la ciudad de Burdeos. Su obra más significativa de esta época será la Lechera de Burdeos. Pintada con una pincelada libre, abocetada y rápida que anuncia el impresionismo.

La obra artística de Goya se completa con multitud de cuadernos de dibujo y obra gráfica entre la que destacan sus series de grabados, fiel reflejo de la sociedad de sus época: sus hábitos, sus costumbres y sus vicios:

Los Caprichos. 1799

representa una sátira de la sociedad española de finales del siglo XVIII, sobre todo de la nobleza y del clero.

Los desastres de la guerra. 1810-1815

El horror de la guerra se muestra especialmente crudo y penetrante en esta serie. Las estampas detallan las crueldades cometidas en la Guerra de la Independencia Española.

Primera edición: 1863

Los disparates. 1815-1823

En ella destacan las visiones oníricas, la presencia de la violencia y el sexo y la puesta en solfa de las instituciones relacionadas con el Antiguo Régimen y en general, la crítica del poder establecido.

Primera edición: 1864

La Tauromaquia. 1816

Trata el tema del mundo de las corridas de toros.

 

Artista irrepetible, su arte, personalísimo y original, será clave e influirá en gran parte de la pintura moderna posterior: impresionismo, expresionismo y surrealismo.