Velázquez es el pintor más importante del barroco español y está considerado un maestro universal dentro de la historia de la pintura. Su estilo, fruto de una constante evolución, inspirará a pintores posteriores e influirá en la aparición de nuevos movimientos artísticos.

Etapa sevillana

Diego de Silva Velázquez nació en Sevilla en 1599. Tras un breve periodo de formación con el pintor Herrera el viejo, ingresa en el taller de Francisco Pacheco. Pacheco, que no era gran pintor pero si persona culta y bien relacionada en Sevilla, debió influir en Velázquez más ideas teóricas que artísticas; como por ejemplo el reconocimiento de la pintura como un arte noble y liberal, frente a la consideración meramente artesanal.

En 1617 recibió el título de “maestro de imaginaría y al óleo” y al año siguiente se casó con Juana Pacheco, la hija de su maestro.

Sus primeros cuadros son pinturas de género y religiosas con un estilo naturalista de personajes populares, resueltos con una técnica tenebrista, donde destacan en primer plano figuras y bodegones, fuertemente iluminados, sobre un fondo oscuro.

En su paleta dominan los tonos cálidos: ocres, tierras y marrones, aplicados en capas opacas y con una pincelada prieta, bastante dibujística.

De esta etapa podemos destacar obras como La vieja friendo huevos, El aguador o La adoración de los reyes, pintado en 1619, año del nacimiento de su hija Francisca por lo que se supone que el artista utilizó como modelos a varios miembros de su familia.

 

La vieja friendo huevos
La vieja friendo huevos

Entrada en la Corte

Su intención es trabajar para el rey por lo que realiza un primer viaje a Madrid en 1622 que resulta improductivo y un segundo viaje en 1623 en el que finalmente consigue su objetivo de pintar al monarca Felipe IV que le nombrará pintor de corte. Este cargo le permitirá conocer y estudiar las colecciones reales de pintura, incluidos los cuadros de Tiziano, que le harán descubrir que existe una belleza en la pintura superior a la mera imitación de la naturaleza. Esto hace que su técnica experimente una primera evolución que le llevará, poco a poco, a ir abandonando su estilo austero de la época sevillana; iluminando su pintura con nuevos colores y enriqueciéndola con nuevos temas.

En esta época realiza, fundamentalmente, retratos y su primer cuadro mitológico: El triunfo de Baco o Los borrachos en el que los personajes de la derecha mantienen las características de su pintura anterior pero la luminosidad del cuerpo desnudo del dios y la introducción del paisaje del fondo anuncian el cambio de estilo del que hemos hablado.

En 1628 llega Rubens a Madrid en misión diplomática, permaneciendo en la corte casi un año. Durante este periodo, Rubens y Velázquez hacen un viaje juntos al Escorial para visitar las colecciones reales. Probablemente sea el pintor flamenco el que aconseje a Velázquez viajar a Italia para conocer la obra de los grandes maestros italianos.

El triunfo de Baco o Los borrachos
El triunfo de Baco o Los borrachos

Primer viaje a Italia

En 1629, viaja a Italia con licencia del rey para completar sus estudios. Visita Ferrara, Venecia y Roma. Durante este viaje pintará dos cuadros que denotan la rápida asimilación del arte clásico por el pintor sevillano. En La fragua de Vulcano podemos observar como la atmósfera del cuadro ha superado ya las limitaciones del tenebrismo, también vemos una mayor riqueza de expresiones de los personajes y su preocupación por el desnudo con evidentes referencias al mundo clásico. Por su parte, en La túnica de José podemos ver un marcado estilo veneciano. En ambos cuadros, las pinceladas, antes aplicadas en capas opacas, empiezan a ser más fluidas.

Vuelta a Madrid

Tras su viaje a Italia, su educación pictórica es la más amplia que ha recibido un pintor español hasta la fecha y su técnica extraordinaria.

Adquiere nuevos cargos en la corte. Su rápido ascenso provocará la envidia de otros pintores del rey.

Su trabajo fundamental durante este periodo será la realización de lienzos para la decoración del Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro como varios retratos ecuestres de la familia real y el lienzo histórico de La rendición de Breda.

En 1631 entra a trabajar en su taller Juan Bautista Mazo que se convertirá en su ayudante más importante y se casará con su hija Francisca.

Completan la producción de esta época sus soberbios retratos de los bufones de la corte y algún cuadro religioso como La coronación de la Virgen.

Segundo viaje a Italia

En 1649, embarca de nuevo para Italia con la misión de comprar obras de arte para Felipe IV. Pasará por Venecia, donde adquirirá pinturas de Veronés y Tintoretto. En Nápoles se encontrará con Ribera y, finalmente, llegará a Roma donde, debido a su fama, es elegido miembro de las principales organizaciones de artistas: la Academia de San Lucas y la Congregación de los virtuosos del Panteón.

En este viaje también realizará el retrato de Inocencio X donde demostró su capacidad para captar de manera magistral la psicología del personaje. “Tropo vero” (demasiado real) afirmó el papa al contemplar la obra finalizada.

Antes de pintar esta importante obra, y a modo de preparación, realizó el soberbio retrato de su esclavo y asistente, el moro Juan de Pareja. De este periodo también es su Venus del espejo, de nuevo un tema mitológico y uno de los pocos desnudos femeninos en la tradición pictórica española. Su estancia en Roma se prolongó más de lo deseado por el rey que en distintas cartas le insiste en que vuelva a Madrid. Finalmente lo hace en 1651.

La Venus del espejo
La Venus del espejo

Última década: etapa de consagración

A la vuelta de Italia y con el bagaje adquirido se inicia su etapa de consagración, en la que su técnica se vuelve más suelta y su pincelada más libre. Por otro lado, sus obras se hacen más complejas, menos evidentes, llenas de un conceptualismo propio del barroco.

Es nombrado Aposentador Real. Este cargo, sumado a los que ya tenía, le resta mucho tiempo para pintar; a pesar de lo cual pinta sus dos obras maestras: Las Meninas y Las Hilanderas.

Las Meninas es una obra muy compleja; en apariencia un retrato de la infanta Margarita acompañada por varios personajes de la corte, entre ellos el propio Velázquez, pero en el que el pintor se muestra como un maestro en el tema de la composición, guiando la mirada del espectador sobre el lienzo, así como en el concepto tan barroco de romper la frontera entre el espectador y la obra, a través de todas las miradas de los personajes que no invitan a entrar en el cuadro. Es magistral también la representación del espacio mediante el uso de la luz y la perspectiva aérea; y todo ello resuelto con una pincelada completamente libre próxima a la abstracción.

Las Meninas (fragmento)
Las Meninas (fragmento)

En La fábula de Aracne, más conocida como Las Hilanderas, retoma un concepto que ya trabajara en alguna de sus obras de la etapa sevillana: situar en el primer término del lienzo una escena costumbrista, aparentemente intrascendente, conduciendo nuestra mirada al fondo del cuadro donde, fuertemente iluminada, se encuentra el tema principal del cuadro: la disputa entre Aracne y la diosa Atenea por ver quien es la mejor tejedora de tapices. La técnica dibujística y las formas cerradas de su primera época se han convertido, ahora, en un portentoso estudio de las luces y de la atmósfera ejecutadas con una técnica a base de pinceladas impresionistas, rápidas y abocetadas.

Su último cuadro será Mercurio y Argos que formaba parte de un grupo de cuatro obras de temática mitológica encargadas por el rey. Las otras tres desgraciadamente se perdieron en el incendio del Alcazar de 1734.

En 1660, como Aposentador real, acompañó al rey y a la princesa María Teresa a Fuenterrabía donde fue entregada a su futuro esposo Luis XIV. A la vuela de este viaje enfermó y murió.